Entrevista a Diego Cano Morata, seminarista | Parroquia San Eloy
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18 Mar Entrevista a Diego Cano Morata, seminarista

¿Cómo descubriste tu vocación al sacerdocio?

La descubrí el 11 de julio de 2012, a mis 19 años, yo estaba en Cercedilla con la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, ese día nos dieron la mañana libre. El Señor me puso en el corazón el dedicarle a Él esa mañana y recé con el evangelio de ese día: Mt 19, 27-29. No era la primera vez que rezaba con ese evangelio, pero ese día sentí en el corazón “Diego, te quiero sacerdote”. Yo la verdad es que me alegré mucho, pues desde hace tiempo venía preguntándole al Señor; “Señor, qué quieres de mí” y pude sentir como ese día el Señor me contestó.

¿Cómo se lo tomaron tus padres?

Al principio les sorprendió, pensaban que era un neura que me había dado en un momento puntual. Yo ya había decidido que quería ser músico, oboísta y esto era un giro inesperado. Mi madre, de hecho me animó a contárselo a mi director espiritual y a comenzar el introductorio (curso de introducción al seminario), pero pensaban que pronto se me iría la idea. Pero cuando pudieron observar que esto no se me pasaba, pues “lo que es de Dios, queda” me apoyaron y me siguen apoyando en todo momento. No me puedo quejar de mis padres; ¡son una maravilla!

¿Por qué y para qué quieres ser sacerdote?

Quiero ser sacerdote porque quiero ser feliz, y sé que Dios está empeñado hasta más que yo en mi felicidad. Pues como dirá San Ireneo: “La gloria de Dios es el hombre que vive”. Quiero ser libre, y la verdadera libertad es hacer la voluntad de Dios, y no el hacer lo que me da la gana, como desgraciadamente a día de hoy entiende mucha gente la libertad. Y quiero ser sacerdote para dar la vida, al igual que Cristo la ha dado por mí. Mt 10,8; “Dad gratis lo que habéis recibido gratis”.

¿Qué invitación harías a los jóvenes que tienen esa inquietud?

Que no se cansen de preguntar la pregunta que tanto he hecho y sigo haciendo al Señor: “Señor, qué quieres de mí”. Él nunca se salta nuestra libertad, porque nos ama, y el amor se da en la libertad. Lo único que necesita el Señor es un corazón dispuesto a escuchar. ¡Un Dios humilde! Que pudiendo tirar abajo la puerta de nuestro corazón, prefiere llamar y esperar a que le abramos. Ap 3,20: “Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”.

Diego en el Mar de Galilea

¿Quién o quiénes te han transmitido la fe?

Mis padres han sido los que me han transmitido la fe. A todos esos padres que dudan de si bautizar o no a su hijos… alegando que cuando sean mayores ellos elijan, animo a que se hagan esta pregunta: ¿Mi bebé me ha pedido comer o yo le doy de comer aunque no quiera porque sé que es bueno para él? Pues con la fe, pasa igual. Unos padres deben dar a su hijo lo mejor, y yo estoy muy agradecido a mis padres por ello.

¿Cuál es la historia que el Señor está haciendo contigo?

El Señor esta haciendo una historia preciosa conmigo. Antes de que me llamara el 11 de julio de 2012 yo pensaba que me podía dar a mí mismo la felicidad, que yo con mi esfuerzo sería el mejor oboísta, luego vendría el trabajo, el coche, la chica… yo con mi esfuerzo me iba a dar la felicidad. El Señor me está enseñando que la felicidad no nos la podemos dar a nosotros mismos, que es un don a recibir, como la vida. Nadie se ha dado la vida a sí mismo. El Señor me está enseñando que somos necesitados, pues toda persona necesita ser amado y amar. La pregunta del examen final será: ¿Cuánto has amado?

¿Qué es lo que más te gusta del seminario?

Pues que es el lugar donde estoy aprendiendo a amar. Muchas veces pensamos que ya sabemos amar, pero en el seminario me estoy dando cuenta de que esto es una equivocación. Es el lugar en que estoy aprendiendo que Dios me ama tal como soy, con mis dones y pobrezas, para poder amarlas y abrazarlas, como hace el Señor conmigo. Y de esta experiencia de ser amado tal como soy poder amar al prójimo como Dios me ama y le ama. Para poder vivir la ley de vida y amor que nos propone Cristo en Mt 22, 37-39: “Amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo”.

Dios mediante seré ordenado diácono el 19 de junio, rezad por mí. Gracias.